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Espacios seguros. Y una mierda.

20 Ago

Supongo que nadie de los que creen la versión de los violadores en libertad, o la gente que no se moja o habla de denuncias falsas, ha pensado las miles de maneras que hay de violar a una mujer, y que sólo basta con no respetar su consentimiento en cualquier punto de la relación para que exista una agresión sexual.

Yo, como mujer, feminista y compañera, no tengo ningún, pero ningún motivo para no creerme la versión de la joven. Ninguno, me da igual, sí, ya, vale, feminazi, radical, puntito anti-hombre, “todos somos personas” y toda esa mierda. Pues sí. PERO NO. Yo no cuestiono a las mujeres porque sí. Que alguien me explique el rédito que una mujer de 20 años saca de denunciar a 5 desconocidos. Ninguno. Pero el beneficio que pueden tener ellos cinco si en lugar de confesar lo niegan todo, es bastante grande: no ir a la cárcel. No entiendo que nadie se pare a pensar en este conflicto de intereses. Otras me vienen hablando de la presunción de inocencia. La misma presunción de inocencia que tiene ella de haberse inventado que dos chusmones la han violado mientras otro miraba, uno vigilaba y otro grababa. La misma. La diferencia es que yo sí me posiciono, yo sí me pongo de su lado. Según la magistrada, hay demasiadas contradicciones entre la versión de la VÍCTIMA y la versión de los VIOLADORES. Os juro que no sé quién es, pero para ser jueza y haber estudiado tanto, me parece un poco imbécil. Una imbecilidad intelectual, en primer lugar. Claro, porque lo ideal sería que la versión fuese la misma, y así sabríamos que lo que dice “la niña” es verdad seguro. Yo creía, en serio, que lo del Inspector Clouseau y sus torpezas era puro teatro, pero no, hay gente así de tonta. Ella asegura que la violaron y lo grabaron con el móvil, lo segundo es verdad, pero vamos, que igual por lo demás se equivoca o se lo inventa, que ya sabemos que las mujeres somos muy fantasiosas, y si nos ponemos de malas, podemos ARRUINARLE la vida a un tío.

El vídeo grabado sin consentimiento de la superviviente ha sido empleado como prueba crucial para la magistrada y la fiscalía que llevaron el caso. Un vídeo grabado por un menor de aproximadamente un minuto y poco de duración, y en el que no se muestra la relación entera, sino el principio, tal y como cuenta uno de los agresores en la entrevista que ese programa tan morboso y sin escrpúpulos de Antena 3, Espejo Público, especializado en dar voz a agresores machistas, como ya hiciera hace meses con un maltratador supuestamente “rehabilitado” y hace un poco más realizando un careo televisivo entre un maltratador y su víctima durante años, su ex-compañera o entre una superviviente de violación contra su agresor, que había ganado la sentencia firme en su favor y habían sido retirados los cargos, insto a que se visualice este clip de vídeo en el que Vanessa es constantemente cuestionada, vejada y puesta en entredicho y el antes acusado, Ismael, como un héroe victorioso tras siete años de pesadilla asediado por una tía que le quiso destrozar la vida. Da mucho asco pensar que sólo se habla de violaciones o agresiones cuando son consideradas falsas. Suponemos, de buena fe, que como “hay más de mil de violaciones al año” en el país, tal y como expresó Frasquito de la Torre, el alcalde de Malaguistán, no tienen tiempo posible para reflejarlas todas y dar voz a las víctimas, porque se le petarían los contenidos sólo con agresiones sexuales, y el programa tendría que cambiar de formato y nombre para pasar a llamarse ‘Violación Pública’.

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Volviendo al vídeo grabado por este menor, me digo yo que puede que registrara los inicios del trío, y que el no consentimiento se diera después de la grabación. Pero la ley es demasiado masculina como para contemplar este supuesto. Pero lo que también me parece es que el vídeo estaba grabado de lejos, que se emplea como prueba un agravante, que es esa falta a la intimidad de la joven, y que hay múltiples modos de resistirse a una agresión sexual. Puede depender del grado de consciencia de la víctima, de alguna sustancia que haya ingerido, de cómo el cuerpo le reacciona al miedo, o de cómo gestiona sus deseos, cosas que no escapan al sesgo patriarcal de nuestra subjetividad como mujeres.

Lo segundo importante es el parte de lesiones. A ver, lo normal es que en una violación te resistas ¿Vale? Porque lo ves en las películas. Esto va así: te viene un tío por detrás -o más, pero en principio con uno basta- te amenaza y te acorrala, se coloca encima de ti, te agarra las muñecas, te baja las bragas y te penetra. Tienes que tener marcas en las muñecas, y en la parte interior de los muslos, porque se supone que tú los cierras y él te los abre con las caderas, así, a la fuerza. En el cuello las secuelas son opcionales, y en la cara también, aunque todo queda muy verídico y adornado con una brechita en el labio, o en una ceja. De esto que te dicen “¡No grites, zorra!”, y te pegan. Otra cosa importante es que tengas secuelas vaginales. Si no cierras el esfínter o si la polla de tu agresor es un trozo de salami puesto al sol en Agosto, es decir, si la tiene blanda, chica y corta, y no te hace daño, no es violación. A los forenses y los jueces les gusta la sangre, tías, es mucho más divertido, apuntadlo en vuestra “guía de cómo hacerle la vida imposible a un hombre” por si queréis algún día denunciar a algún maromo así por entretenimiento. Entonces, el forense, que en principio dijo “Ehm, sí, puede haber existido forzamiento”, luego dijo “Ehm, no, no tiene por qué”. Yo que sé, esas medias tintas a veces se entienden, igual no la violaron entera, igual la violaron sólo un poco, y lo del desgarrillo vaginal que he leído en agún artículo de los miles que inundan la red es porque era brutota la muy guarra.

Otra de las pruebas cruciales ha sido el testimonio de algunos feriantes que vieron cómo la chica se dirigía con ellos desde la caseta hasta las colchonetas de la atracción llamada “Búfalo” sin ser forzada a ello. Está claro que ser cariñosa, mostrarte solícita, deseante y activa o agradable son sinónimos de consentimiento sexual. Me hace especial gracia. Los condenados a silla eléctrica también acuden al cadalso por su propio pie.

Además, pensémoslo. Dado que el cuerpo de las mujeres se encuentra primigenia y fundamentalmente privatizado y cosificado por los varones como si de una pertenencia se tratare, decir que sí a una relación sexual implica, de cara a la sociedad patriarcal, no poder echarte atrás. Nunca. Es una decisión completamente irreversible, no puedes cambiar de opinión en ningún punto, por eso se dice “entregarse” o “darse al varón”. Ese lenguaje cavernario, con todos mis respetos a las culturas paleolíticas fue empleado por uno de los agresores: “Ella se dió a nosotros”. Y si te has dado, te has dado, y Santa Rita, Rita, Rita, si me dices que follamos, follamos por mis cojones. Porque decir “Ay, en verdad, no sé…”… eso… eso está mal, porque eso no se hace. Porque eso es un riesgo. Porque eso es provocar. Porque no puedes perrearle el paquete con tu culo a un tío y luego no acceder a acostarte con él, porque entonces eres una calienta-pollas. Y ninguna chica quiere ser una calienta-pollas. Y arrepentirse es de estrechas, y no se hace. Primero, por ti, porque cuando ya lo estás haciendo es muy difícil decir que no, algunas lo hemos vivido sin tanto trauma, ese polvo en el que te ves envuelta y dices Uf, yo no quería, en realidad. O este tipo de polvo en el que te ves y dices: Qué coño hago aquí. Vergüenza, tabú, prejuicios, culpa, espectativas, que él no se enfade, miedo al rechazo, no quedar mal, y todo lo que se refiere a nuestra socialización de género. Segundo, porque muchos tíos, y está visto, no comprenden un NO, sea cual sea el avance de la relación interpersonal o afectivosexual.

Y ahora dejemos de hablar de los machirulos agresores el libertad, dejemos de darle coba a la proyección mediática dirigida a que la sociedad-media humanice a estos nenes llorando que tan mal lo han pasado. Vamos a preguntarnos dónde está esta chica de Torremolinos de 20 años que puede que nunca se olvide de la puta feria de Málaga. Espacio seguro, y una mierda, cabrones. Porque yo no dejo de pensar en ti, hermana. Cómo estarás, sólo eso. Y tengo en mi cabeza imágenes que yo misma genero, lo admito, pero que no puedo obviar, porque la empatía y la identificación que experimento con una mujer como yo, que en el Real de la Feria, un sitio que he frecuentado tantas veces, es agredida, una amenaza que he sentido cientos, miles de veces, me toca la carne.De poco sirve, eso ya lo sé, porque yo no soy la jueza que llevó el caso. Si no tiene secuelas reseñables, si no tiene las marcas del varón en su cuerpo, si no la atacaron por la calle desprevenida, si no la obligaron con un arma, para la sociedad patriarcal, no es violación, es meterse en líos, puede, pero seguro que a alguien se le ocurre pensar que se la estaba buscando.

Pero yo me imagino a esta mujer cuyo rostro y cuyo nombre no ha trascendido, a ésta que no puede hablar y que es mi hermana, a la que creo, defiendo y protejo por encima de cualquier machote que folla en grupo y lo graba para que quede constancia de su virilidad, me la imagino entre estos dos energúmenos con los que en principio accedió a mantener relaciones, ¿presionada? ¿borracha? ¿por deseo? ¿por desafío? Qué más nos da, quizás diciendo “mejor que no”. Me los imagino a ellos mareándola, cogiéndola de la cintura, tirándose a su cuello, un besito aquí, un apretón allá. Me los imagino babeando, “dándose codazos, quillo, nos la vamos a follar los dos”. Los veo diciéndole “tía, no seas así ahora”. Me los imagino diciendo “Antes era que sí y ahora que no”.  Recreo obsesivamente en mi cabeza la escena en la que ella les dice “Quillo, que no, que me da vergüenza, que están tus amigos ahí” y cómo ellos intentan camelarla bajo presión “¡Cómo que no!, pero que esta gente no dice ná”. Me la imagino a ella, quizás bebida, quizás con miedo, quizás no creyéndose lo que le estaba pasando, rumiando “por favor ya está”. Me la imagino susurrando bajito a sus agresores “Por favor, no quiero más”. No se me ocurre otro modo de que la policía, que no es que sea la adalid del feminismo, se alarmara al encontrarla tirada en la calle, llorando. Me puedo imaginar ese momento exacto en el que tomas consciencia de lo que te ha pasado. Cuando se te baja el pelotazo y te ves dolorida, y la realidad te tumba, y ellos ya se han ido y te han dejado ahí tirada después de correrse. Ese preciso instante en el que dices: “Acaba de pasar. Ha pasado”. Ese puto momento de mierda que se te quedará siempre grabado, siempre, en el que en tu cabeza retumba, entre culpa e impotencia la frase “yo no quería”.

El argumentario generalizado sobre la violencia contra las mujeres me come el coño.

27 May

“No, patriarcado no, tía, no le puedes echar la culpa de todo al patriarcado, es que hay gente mala, que se le va la olla, tía, por mucho que el patriarcado acabase seguiría habiendo violencia.
No hay ningún tipo de lectura de género, tía, que no, por ejemplo, en las guerras la gente se mata, bueno, sí, los hombres, vale, y bueno, a las mujeres y niñas las violan, pero eso no pasa en países desarrollados, pasa allí, pues… pues porque son unos bárbaros, tía, tratan a las mujeres muy mal en este tipo de países, o yo qué sé, prf…

“Cultura de la violación”… tía, tanto como eso… la gente lo que pasa es que se pasa las cosas por el forro, que no creo, tía, sólo es que por desgracia pos’ tienen menos fuerza que los hombres, y pueden ser abusadas fácilmente, no lo sé, pero no por ser mujeres, los hombres también sufren violencia, vamos, es que si dices igualdad igualdad para todo, ¿no?…¿O es que la violencia contra los hombres ya no es violencia de género?

¿Que por qué las mujeres no violan? Hombre, tía, pues porque es que si no estás cachondo no te empalmas, ya está no se puede, no tiene nada que ver con el diferente acceso y aprendizaje de la sexualidad masculina ni nada, es biológico, tía, hay cosas que son biológicas, tía. En los países con conflictos y los países pobres pues hay menos cultura… y eso también facilita el abuso.

Pero la violencia contra las mujeres no se da porque exista y se perpetúe previamente un sistema de dominación simbólica y material que se sustente en el privilegio de los varones y en la sumisión de las mujeres, y que legitima a los varones para hacer uso de nuestros cuerpos, emociones, afectos, potencias, deseos, fuerza de trabajo y de nuestras vidas bajo el eje de la represión y la violencia, lo que pasa es que son unos degenerados, ya está, y ellas pues se dejan, las primeras machistas son las mujeres, no te compliques, tía, no se puede ser tan radical”

Mientras, las mujeres, siguen muriendo.

Fuente del mapa: International Museum of WomenImagen

El duelo patriarcal

24 Feb

Una noche en un bar cualquiera,

un tipo intenta colarse en una cola de baño, entendemos que de manera involuntaria, pero muy observador se ve que no es. La chica que se situaba delante de mi, le dice: “No, perdona, esto que ves aquí, es la cola”.

El tipo contesta: “Ya, sois todo tías, yo voy al baño de los tíos”. Sí, perras. Existe ese especímen que odio de machoestúpidos que ni siquiera comparten contigo el baño aunque esté tan concurrido que mujeres y hombres entren a los baños que queden libres aleatoriamente -oh, no, vaya un desacato a las leyes de género, llamen a las autoridades patriarcales-. Es como que el macho se ancla en la norma del género a través de la fuerza y la imposición y las mujeres, que también hay las que no quieren entrar a los baños “masculinos”, se anclaran por pudor. Un tío se resiste a que entres a SU baño. Le toca a ÉL. La chica prefiere entrar al que le ha sido asignado, “el baño de los chicos está demasiado sucio”.

Pero no perdamos el hilo, que os va a encantar. Le contesto yo: “este baño es unisex, así que a la cola”. Nos dice que se la suda, que no se va. Le apremio: “corre, que se te cuelan”.

El tipo, border en principio, deviene machirulo, y nos suelta: “Yo mearé donde me salga a mi de mis santos cojones”.

Le suelto: “Y antes que yo no meas porque no me sale a mí de mi santísimo coño, a la cola”.

Atención al momentazo: “¿A que te meo ahí?” -señalando el suelo del baño-. Me río en su cara, es inevitable, se lo ha buscado, y le digo: “¿ME?. ¿Soy tu chacha y voy a tener que limpiarte la meada? Tú mismo, pero antes de mi, y de estas chicas, no pasas, te pones a la cola o meas donde te parezca”.

Con su gran capacidad para el debate, la comprensión y la reculación, el macho alfa amenaza con marcar su territorio: “¿A que te meo en lo alto?”.

Contesto, con un nivel de empoderamiento considerable, dadas las características del machirulo de libro que tenía ante mis ojos: “¿Qué, es tu fantasía sexual? Prueba. Tú méame en lo alto a ver qué es lo que te pasa”.

Se achanta. Va como a marcharse, pero vuelve, y, por favor, mucha atención al proceder machirulo dieciochesco: “Dime dónde está tu colega y nos vemos fuera”. Sí. No llegó a abofetear mi cara con un guante como los lores británicos de los que habla Jane Austen, pero fue un desafío a duelo en toda regla.

Yo pasé de feminista contestona que se está meando a ser la Hydra de Lerna mata-machirulos en cuestión de segundos. Estoy segura de que se me multiplicaron las cabezas y comencé a echar fuego por las fauces.

-“Qué pasa, que me quieres pegar una hostia a mi, pero como soy mujer, no te atreves? ¿Lo que quieres es que mi macho, que ni siquiera está presente, responda por mi y tú puedas así resolver este conflicto de honor?”. Tanta complejidad argumentativa le abrumó, y solo acertó a volver a amenazarme: -“Si fueras un tío te reventaba la cabeza”. Le insté a que lo hiciera, de verdad, al grito de ¡Machote! ¡Valiente!, pero no hubo manera. Se fue con el rabo entre las piernas, y me refiero a su falo, no sin altes escupir un poco, mirar con odio patético y soltar algún que otro insulto, lo típico.

Quizás haya sido mejor así, porque las chicas de la cola, cuando el tipo se fue, hicieron piña y me dijeron: “te llega a tocar y lo matamos entre todas”. No sé cómo tomarme eso. Mientras sucedía el altercado, no abrieron la boca. Pero también agradezco que no interviniesen con esa bienintencionada pero poco crítica actitud paternalista que ya he sufrido alguna que otra vez del tipo “no te pongas a su nivel” o “no te metas en esos líos” o “no le busques la boca”.  Está claro, para mi, cada vez más: defenderse es una opción sexuada. Y al machirulo le chocó que yo lo hiciera. Que me mostrara la fuerte en mi territorio. Mi pis es tan importante como tu pis, así de simple y de grotesco. Su poder se vio cuestionado, su derecho, anulado. Aunque esto es una mera suposición, pues el tipo podía haber sido un machote cualquiera al que le gusta pelearse con todos los gallitos que se le cruzan, creo que el machirulo en principio se sintió amenazado por esa actitud de fuerza de las que estábamos en la cola, que, eso sí, no se movieron de su sitio, miraban fijas hacia él, no temieron, al menos que se viera, en ningún momento. No le permitimos ejercer su voluntad, sobretodo yo.

Era más bien una cuestión de honor, como luego se traduce de su interés por solventar el problema fuera del garito y con un hombre que me acompañase. Yo no soy igual a él, eso lo dejó claro, no me considera ni siquiera equivalente, sino inferior y por eso, no canaliza la violencia hacia mi más que a través de mi acompañante varón. “No se les pega a las nenas” es un código bien aprendido por el manual del buen machirulo, es una frase de crianza que mamá y papá no dejan de repetir. A veces se acompaña de “a las nenas, besitos”. Wow. Toda una declaración de intenciones.

La violencia del varón hacia la mujer está terriblemente condenada por una de las vertientes del pensamiento machista, la de la protección, la del paternalismo, que sólo comparte con la vertiente de la violencia física contra las mujeres el prisma de nuestra supuesta inferioridad. Así pues, un hombre afrentado, por muy machirulo que sea, no suele agredirte a ti, que eres mujer, sino que busca a tu referente varón, a tu tutor, al que guarde tu honor, excepto que se trate de un maltratador sexista, claro, pero ésta no es necesariamente la categoría a la que nos estamos refiriendo aquí.

Hablando de mi machirulo, su honor manchado requería una limpieza pública, pero eso son asuntos que se arreglan entre hombres, y este es el principal mecanismo que nos ha alejado, históricamente, de la violencia, y por ende, de la autodefensa o incluso el ataque a nosotras las mujeres. Yo no tengo potestad para defenderme por mi misma, supone el machirulo. Por eso se ve tan nervioso, insultante e incómodo con mi reacción de emplear su mismo lenguaje descarado y violento. Quien debe defenderme a mi, es mi hombre, pero yo soy una mujer sola -es decir, sin varón que me avale, pues a mi se me ha negado también como mujer mi derecho a la autorrepresentación, y mi figura no vale tanto como la de un igual-, mi hombre no está y yo rehuso buscarle, por lo que el machirulo se ve absolutamente descolocado y frustrado ante la imposibilidadde inflingirme castigo.

La violencia es su privilegio, es su poder. Yo me rebelé, me defendí, contesté, cuestioné su supremacía sobre mi. Lo que para algunxs fue “ponerme a su altura” para mi fue un ejercicio de resistencia política y antipatriarcal. Quienes se escudan en el “no tenías que haberle contestado, le enciendes más”, no son más que defensorxs del discurso de la no violencia, un discurso domesticador que esconde un juego de poder en el que elx dominante siempre lo seguirá siendo mediante su uso de la violencia y la pasividad delx dominadx ante la misma, lo que a su vez nos lleva a la anulación de la capacidad de respuesta. Así mismo, subyace una lectura de género clara en la que una mujer sublevada ante lo establecido, un sujeto mujer no pasivo y erigida con armas violentas ante una agresión cualquiera es lo incorrecto, lo condenable y lo impropio. Es fácil recurso desde las mujeres -y hacia las mujeres mucho más- la defensa de la no violencia porque desde hace cientos de años y con vagas excepciones puntuales que habría que analizar, nuestra intrahistoria ha sido el relato de la sumisión, el silencio y la victimización. Pero es injusto. E inmoral desde el punto de vista feminista, pues perpetuaríamos roles de género que pretendemos criticar por otro lado. Al patriarcado le beneficia el “es mejor no hacer caso” o el poner la otra mejilla. En definitivas cuentas, el argumento de la no violencia sólo beneficia al opresor y deja sin opción alx oprimidx. Y yo no quiero ser una oprimida.

Es impactante, en el plano de la praxis, el uso que hacen algunos machos de la violencia como muestra de su hegemonía, como si de un animal cualquiera que debe imponerse a otro/a para su supervivencia, se tratase, y en verdad es así. El macho vertebra toda su identidad, toda su existencia, mediante sus atributos masculinos tradicionales. Si no muestra sus atributos, nada puede legitimar su pertenencia a la masculinidad. Si no se impone, si no saca las garras, si no lucha mediante la violencia que la masculinidad ha privatizado, muere el macho. El macho no aprecia tanto su vida o su integridad física como la salvaguarda de su orgullo y su honor, y en el empleo de la fuerza bruta está implícita la defensa y la exhibición pública de esos valores como la bravura, el carácter, la fuerza. Son los últimos coletazos del estereotipo del guerrero, el mito del macho dominante que pelea por no morir y que se reproduce en constantes procederes tanto políticos como cotidianos.

Pero con una feminista has topado, querido. La próxima vez, igual te lo piensas dos veces. Porque si me llega a tocar un pelo, respondo. Igual me hace más daño él a mi que yo a él en este caso, ya que era bastante corpulento, pero mi satisfacción y mi empoderamiento al pensar que un machirulo lleva un moratón en la cara que le ha hecho esta “guarra” que escribe -así me llamó, no os sorprendáis por mi sordidez-, eso… eso, hermanas, no tiene precio.

No sabes lo puta, zorra y gorda que puedo llegar a ser

15 Feb

BigFatFeminist

Miércoles 13 de Febrero. Más de las 00.00 de la madrugada.

Tres perras feministas, yo entre ellas, en la calle. Tres BIOmujeres socialmente consideradas SOLAS por no ir acompañadas de varón alguno que nos tutorizase, presenciamos y “sufrimos” aproximadamente cuatro microagresiones sexistas.

Primero nos llamaron la atención desde lejos- Estábamos decorando un poco el espacio urbano, cargándolo con mensajes políticos por  el #14F, San Machirulo, contra el Amor Romántico. Y escuchamos:  “las del 15M, vamos a llamar a la policía”. “Os estamos grabando”. “¿Qué hacéis?”. “¿Qué estáis escribiendo?”, “La de la izquierda, que se quite, que no sale en la foto”.  Así, a gritos, intentaron mantener una conversación de ligoteo machirulo buenista que, ante nuestra resistencia, acabó con un “que os den por culo”.

En segundo lugar, vinieron cuatro mini-machirulos borrachos a vacilarnos. Está claro que éramos blanco fácil para ellos, las tres sentadas en el escalón, fumando un cigarro, para la mentalidad heteropatriarcal, indefensas y pasivas. Ante, de nuevo, nuestra resistencia de seguirles el juego o hablar con ellos, la respuesta fue: “¡Gorda!”.

Al poco rato, otras tres chicas aparentemente SOLAS por no tener varón alguno que las tutorizase, le hacían la peseta y gruñían a dos cateto-machirulos añejos bastante bebidos que las habían estado persiguiendo.

Después de aquello, un tipo acompañando a otras personas extranjeras -no sé si era alguno de los de antes- pasó por nuestro lado para señalarnos diciéndoles “ugly, ugly, ugly”.

Por último, un tipo se sentó bastante cerca de nosotras. Al levantarse se puso a reir y hablarle con retintín a su amigote, mientras no nos quitaba ojo. Luego, de lejos, uno de sus amigos -eran tres- nos dijo: “Quilla, tú qué ere la Marta, ¿no?”. Estaban una mijta colocados, y, no sé si por rondarnos o por comprobar si alguna de nosotras era Marta o no, fueron bastante invasivos, y cuando digo invasivos, digo que sus miradas se centraban en nuestra conversación todo el tiempo y la distancia de seguridad y de respeto que se debe tener en la calle, de noche, con gente desconocida hablando en tono bajito cosas íntimas, no la estaban guardando.

Más tarde, volvieron, y es que se marchaban y volvían para ver si seguíamos ahí, a su plena disposición, y hablando sobre nosotras entre ellos, nos pidieron un cigarro.

¿Hubiera pasado lo mismo si en vez de tres mujeres, llegamos a ser tres hombres?

Los machirulos no atentan sin razón contra su grupo de iguales, es así el pacto de los hermanos patriarcales. Cuando detecta una hembra, el machote heterosexual la considera un blanco de su seducción o de su ridiculización. La mujer ocupa el espacio, pero, al parecer, no le pertenece. Así, el machirulo utiliza su posición de privilegio para llamar su atención, del modo que sea. Incluso aunque no quiera cortejar a la mujer a la que agrede verbalmente, tiene la certeza de que puede acercarse a ella o a un grupo de las mismas y soltar cualquier majadería de borracho. Sencillamente, el sexista cotidiano nos cree más débiles, susceptibles, inferiores, en definitiva, sumisas. Somos las OTRAS. Al hombre, lo ve un igual, fuerte, aguerrido, contestatario y violento, en definitiva, dominante. Lo que Simone de Beauvoir llamaba Lo Uno, es decir, el neutro, el que se sobreentiende. Esto se resume, como decíamos ayer en nuestro rinconcito de debate feminista, en que los machirulos se acercan a decirte cualquier machirulada, un piropo, una salida de tono, lo más salido o absurdo que se les ocurra… porque no nos temen. A las mujeres se nos ha extirpado no sólo la autonomía, la libertad, la capacidad decisiva, sino también la capacidad de respuesta, la reacción, la violencia.

Un tío que llega a cachondearse de otro grupo de tíos o a soltar imbecilidades con sus colegas, sabe muy bien, por muy borracho que esté, que puede sufrir una agresión. Con nosotras no pasa eso, no importa que seamos más que ellos, no nos ven como un peligro en potencia, sino como sujeto dominable. No nos respetan por nuestra categoría mujeres, no nos respetan como individuas en igualdad de condiciones. No respetan a la que es para ellos la base de la construcción de su identidad macha, dicotómica y contrapuesta, a la otra, a la diferente, a la mutante. Respetan al igual, al semejante, al que puede ejercer de macho alfa si la rivalidad da paso a la violencia.

Si no accedes a sus deseos, eres gorda, eres puta, eres zorra: insultos sexuados.

Pues mira, esbirro del patriarcado: No sabes lo puta, zorra y gorda que puedo llegar a ser.

Jodéos MachisTrolls

23 Oct

Ha llegado a Kamchatka una animosa noticia en forma de vídeo con el que la Bruja ha conseguido entrar en calor después de meses de duro invierno. He tardado un poco en subirlo, y es que he tenido que encender la candela para lavar las enaguas, meadas de la risa.

La historia comienza de este modo:

Érase una vez una feminista polifacética que, cansada de ser la presa de los cazadores callejeros, decidió convertirse en su trampa; nació así El Cazador Cazado. Un tiempo después, unos malvados Machistrolls que vivían cubiertos de sudor y mocos en la caverna conocida como ForoChoches, decidieron atacar el proyecto, cuidado con tanto amor, hasta lograr tumbarlos con sus calumnias, denuncias, insultos y vejaciones.

Y héte aquí que la feminista no estaba sola. Y comenzaron a germinar decenas, cientos de feministas que, hermanadas, hicieron las delicias del ciberactivismo antimachista. Pero la lucha contra el terrorismo sexista no es cosa fácil, y así pues, otro bache más apareció en el camino de nuestras superheroínas. Fue la Heroína de lo Periférico la que recibió el ataque de la horda machinazi denominada Grupo Masculino de Liberación. Estos hijos del patriarcado le lanzaron un dardo envenenado, una amenaza directa, un mensaje terrorífico que nosotras, reunidas en conciliábulo, nos hemos tomado así:

<p><a href=”http://vimeo.com/52009695″>Parodia: Reivindicando G.M.L (Grupo Masculino de Liberación)</a> from <a href=”http://vimeo.com/user4975101″>Bilibihi</a&gt; on <a href=”http://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Jodéos, MachisTrolls.

Nos desovariamos.

#ComednosElCoñoConPanBimbo

#SomosManada

Otras brujas que lo han publicado en sus espacios:

http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/2012/10/con-las-bombas-que-tiran-los-fanfarrones.html

http://heroinadeloperiferico.blogspot.com.es/2012/10/rap-reivindicando-gml-grupo-masculino.html

La Bruja de Kamchatka, desorinada.

Vosotrxs estaríais del otro lado

8 Sep

Todxs lxs que se colocan el estandarte de un supuesto feminismo que no es el nuestro, que no son los nuestros, porque nosotras, las feministas, tenemos muchos. Toda esa gente que enarbola la bandera de una supuesta creencia en una Igualdad que ni siquiera entienden y que sólo es políticamente correcta, todxs lxs reaccionarixs que han desprestigiado y criticado en sus blogs a Alicia Murillo, a Heroína de lo Periférico, a Eli Kachapati, vía twitter o a Rocío M., que se ha adentrado en el masculino y pedregoso mundo #ForoCoches para rastrear la raíz de la campaña contra nuestra compañera. O a mi misma.

 Todxs lxs que emulan una supuesta etapa dorada en la que se consigueron los derechos con la mención en la constitución, el derecho a trabajar, divorciarse y el derecho al voto. Todxs ellxs no son conscientes de que si colocamos esta situación en el pasado, si nos retrotraemos algunos años atrás, algunos siglos, ellxs estarían en el otro lado.

Que lo que ahora han asumido y aceptado que corresponde a las mujeres, antes era generacional y culturalmente impensable: Mujeres con pantalones. Mujeres que fuman. Mujeres que beben solas. Mujeres que van a cabarets. Mujeres que piensan, leen y hablan. Mujeres que montan a caballo a horcajadas. Mujeres actrices. Mujeres que aman a otras mujeres. Mujeres con negocios. Mujeres solteras y sin tutela. Mujeres en el parlamento.

Ahora, esto está interiorizado. Antes no. Sólo las mentes libres o preclaras se mostraban concienzidamente a favor de la igualdad de las mujeres y tomaban consciencia ante la diferencia ante la ley de facto y de iure, entre hombres y mujeres como algo discriminatorio y no positivo o natural. Actualmente pasa lo mismo. Todas estas personas que van de “progres”, de abiertas, de comprensivas, de críticas, los pérezrevertianos, las que denostan la lucha de las mujeres, se ríen de la Igualdad Institucional -no queremos ni mencionar entonces lo que piensan del feminismo nuestro- y dicen que en esta sociedad “el feminismo no es necesario ya”, estarían en el otro lado, y nosotras en el contrario. Intentando ser pedagógicas y concienciar de que si nos dormimos no vemos lo que pasa y si no leemos o somos observadorxs, tampoco. Y ellos en plena resistencia, negándonos, ridiculizándonos, avergonzándonos, como a las sufragistas.

Antes, Antes el voto. Antes la Ley de la silla para las recién paridas. Antes, el derecho a ir la Universidad. Antes, la píldora. Ahora, el Aborto, otra vez. Ahora es el piropo, los Roles de género o la Sexualidad, o los Micromachismos, o los Cuidados. Si Alicia hubiera vivido en el siglo XVII, la Inquisición estaría pegando a su puerta y no estarían lxs trolls llamando a su móvil. No seríamos Feninazis, ni orcos, ni feas ni guarras, sino esposas de satanás, hijas de Belcebú. Brujas con escoba, sortiñas y recomponedoras de hímenes. Y en vez de estar haciendo campaña en Twitter, nosotras, por Alicia, estaríamos en un claro del bosque, sobre un pentáculo, haciendo un Akelarre.

El patriarcado intenta someternos desde la noche de los tiempos, porque nos teme.

Y ese temor nos hace poderosas*.

La bruja de Kamchatka

*Esta entrada ya ha sido publicada vía redes sociales. Pero la acogida que tuvo me ha hecho reeditarlo y publicarlo para que no se nos pierda.

Otra guía montessori

normalita, del montón.

Feminist Art Workers

a collaborative performance art group founded in 1976

El Demonio Blanco de la tetera verde

Traducciones de-generadas desde la cueva

respuestafeminista

Ninguna agresión sin respuesta

Amargi Istanbul

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