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Espacios seguros. Y una mierda.

20 Ago

Supongo que nadie de los que creen la versión de los violadores en libertad, o la gente que no se moja o habla de denuncias falsas, ha pensado las miles de maneras que hay de violar a una mujer, y que sólo basta con no respetar su consentimiento en cualquier punto de la relación para que exista una agresión sexual.

Yo, como mujer, feminista y compañera, no tengo ningún, pero ningún motivo para no creerme la versión de la joven. Ninguno, me da igual, sí, ya, vale, feminazi, radical, puntito anti-hombre, “todos somos personas” y toda esa mierda. Pues sí. PERO NO. Yo no cuestiono a las mujeres porque sí. Que alguien me explique el rédito que una mujer de 20 años saca de denunciar a 5 desconocidos. Ninguno. Pero el beneficio que pueden tener ellos cinco si en lugar de confesar lo niegan todo, es bastante grande: no ir a la cárcel. No entiendo que nadie se pare a pensar en este conflicto de intereses. Otras me vienen hablando de la presunción de inocencia. La misma presunción de inocencia que tiene ella de haberse inventado que dos chusmones la han violado mientras otro miraba, uno vigilaba y otro grababa. La misma. La diferencia es que yo sí me posiciono, yo sí me pongo de su lado. Según la magistrada, hay demasiadas contradicciones entre la versión de la VÍCTIMA y la versión de los VIOLADORES. Os juro que no sé quién es, pero para ser jueza y haber estudiado tanto, me parece un poco imbécil. Una imbecilidad intelectual, en primer lugar. Claro, porque lo ideal sería que la versión fuese la misma, y así sabríamos que lo que dice “la niña” es verdad seguro. Yo creía, en serio, que lo del Inspector Clouseau y sus torpezas era puro teatro, pero no, hay gente así de tonta. Ella asegura que la violaron y lo grabaron con el móvil, lo segundo es verdad, pero vamos, que igual por lo demás se equivoca o se lo inventa, que ya sabemos que las mujeres somos muy fantasiosas, y si nos ponemos de malas, podemos ARRUINARLE la vida a un tío.

El vídeo grabado sin consentimiento de la superviviente ha sido empleado como prueba crucial para la magistrada y la fiscalía que llevaron el caso. Un vídeo grabado por un menor de aproximadamente un minuto y poco de duración, y en el que no se muestra la relación entera, sino el principio, tal y como cuenta uno de los agresores en la entrevista que ese programa tan morboso y sin escrpúpulos de Antena 3, Espejo Público, especializado en dar voz a agresores machistas, como ya hiciera hace meses con un maltratador supuestamente “rehabilitado” y hace un poco más realizando un careo televisivo entre un maltratador y su víctima durante años, su ex-compañera o entre una superviviente de violación contra su agresor, que había ganado la sentencia firme en su favor y habían sido retirados los cargos, insto a que se visualice este clip de vídeo en el que Vanessa es constantemente cuestionada, vejada y puesta en entredicho y el antes acusado, Ismael, como un héroe victorioso tras siete años de pesadilla asediado por una tía que le quiso destrozar la vida. Da mucho asco pensar que sólo se habla de violaciones o agresiones cuando son consideradas falsas. Suponemos, de buena fe, que como “hay más de mil de violaciones al año” en el país, tal y como expresó Frasquito de la Torre, el alcalde de Malaguistán, no tienen tiempo posible para reflejarlas todas y dar voz a las víctimas, porque se le petarían los contenidos sólo con agresiones sexuales, y el programa tendría que cambiar de formato y nombre para pasar a llamarse ‘Violación Pública’.

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Volviendo al vídeo grabado por este menor, me digo yo que puede que registrara los inicios del trío, y que el no consentimiento se diera después de la grabación. Pero la ley es demasiado masculina como para contemplar este supuesto. Pero lo que también me parece es que el vídeo estaba grabado de lejos, que se emplea como prueba un agravante, que es esa falta a la intimidad de la joven, y que hay múltiples modos de resistirse a una agresión sexual. Puede depender del grado de consciencia de la víctima, de alguna sustancia que haya ingerido, de cómo el cuerpo le reacciona al miedo, o de cómo gestiona sus deseos, cosas que no escapan al sesgo patriarcal de nuestra subjetividad como mujeres.

Lo segundo importante es el parte de lesiones. A ver, lo normal es que en una violación te resistas ¿Vale? Porque lo ves en las películas. Esto va así: te viene un tío por detrás -o más, pero en principio con uno basta- te amenaza y te acorrala, se coloca encima de ti, te agarra las muñecas, te baja las bragas y te penetra. Tienes que tener marcas en las muñecas, y en la parte interior de los muslos, porque se supone que tú los cierras y él te los abre con las caderas, así, a la fuerza. En el cuello las secuelas son opcionales, y en la cara también, aunque todo queda muy verídico y adornado con una brechita en el labio, o en una ceja. De esto que te dicen “¡No grites, zorra!”, y te pegan. Otra cosa importante es que tengas secuelas vaginales. Si no cierras el esfínter o si la polla de tu agresor es un trozo de salami puesto al sol en Agosto, es decir, si la tiene blanda, chica y corta, y no te hace daño, no es violación. A los forenses y los jueces les gusta la sangre, tías, es mucho más divertido, apuntadlo en vuestra “guía de cómo hacerle la vida imposible a un hombre” por si queréis algún día denunciar a algún maromo así por entretenimiento. Entonces, el forense, que en principio dijo “Ehm, sí, puede haber existido forzamiento”, luego dijo “Ehm, no, no tiene por qué”. Yo que sé, esas medias tintas a veces se entienden, igual no la violaron entera, igual la violaron sólo un poco, y lo del desgarrillo vaginal que he leído en agún artículo de los miles que inundan la red es porque era brutota la muy guarra.

Otra de las pruebas cruciales ha sido el testimonio de algunos feriantes que vieron cómo la chica se dirigía con ellos desde la caseta hasta las colchonetas de la atracción llamada “Búfalo” sin ser forzada a ello. Está claro que ser cariñosa, mostrarte solícita, deseante y activa o agradable son sinónimos de consentimiento sexual. Me hace especial gracia. Los condenados a silla eléctrica también acuden al cadalso por su propio pie.

Además, pensémoslo. Dado que el cuerpo de las mujeres se encuentra primigenia y fundamentalmente privatizado y cosificado por los varones como si de una pertenencia se tratare, decir que sí a una relación sexual implica, de cara a la sociedad patriarcal, no poder echarte atrás. Nunca. Es una decisión completamente irreversible, no puedes cambiar de opinión en ningún punto, por eso se dice “entregarse” o “darse al varón”. Ese lenguaje cavernario, con todos mis respetos a las culturas paleolíticas fue empleado por uno de los agresores: “Ella se dió a nosotros”. Y si te has dado, te has dado, y Santa Rita, Rita, Rita, si me dices que follamos, follamos por mis cojones. Porque decir “Ay, en verdad, no sé…”… eso… eso está mal, porque eso no se hace. Porque eso es un riesgo. Porque eso es provocar. Porque no puedes perrearle el paquete con tu culo a un tío y luego no acceder a acostarte con él, porque entonces eres una calienta-pollas. Y ninguna chica quiere ser una calienta-pollas. Y arrepentirse es de estrechas, y no se hace. Primero, por ti, porque cuando ya lo estás haciendo es muy difícil decir que no, algunas lo hemos vivido sin tanto trauma, ese polvo en el que te ves envuelta y dices Uf, yo no quería, en realidad. O este tipo de polvo en el que te ves y dices: Qué coño hago aquí. Vergüenza, tabú, prejuicios, culpa, espectativas, que él no se enfade, miedo al rechazo, no quedar mal, y todo lo que se refiere a nuestra socialización de género. Segundo, porque muchos tíos, y está visto, no comprenden un NO, sea cual sea el avance de la relación interpersonal o afectivosexual.

Y ahora dejemos de hablar de los machirulos agresores el libertad, dejemos de darle coba a la proyección mediática dirigida a que la sociedad-media humanice a estos nenes llorando que tan mal lo han pasado. Vamos a preguntarnos dónde está esta chica de Torremolinos de 20 años que puede que nunca se olvide de la puta feria de Málaga. Espacio seguro, y una mierda, cabrones. Porque yo no dejo de pensar en ti, hermana. Cómo estarás, sólo eso. Y tengo en mi cabeza imágenes que yo misma genero, lo admito, pero que no puedo obviar, porque la empatía y la identificación que experimento con una mujer como yo, que en el Real de la Feria, un sitio que he frecuentado tantas veces, es agredida, una amenaza que he sentido cientos, miles de veces, me toca la carne.De poco sirve, eso ya lo sé, porque yo no soy la jueza que llevó el caso. Si no tiene secuelas reseñables, si no tiene las marcas del varón en su cuerpo, si no la atacaron por la calle desprevenida, si no la obligaron con un arma, para la sociedad patriarcal, no es violación, es meterse en líos, puede, pero seguro que a alguien se le ocurre pensar que se la estaba buscando.

Pero yo me imagino a esta mujer cuyo rostro y cuyo nombre no ha trascendido, a ésta que no puede hablar y que es mi hermana, a la que creo, defiendo y protejo por encima de cualquier machote que folla en grupo y lo graba para que quede constancia de su virilidad, me la imagino entre estos dos energúmenos con los que en principio accedió a mantener relaciones, ¿presionada? ¿borracha? ¿por deseo? ¿por desafío? Qué más nos da, quizás diciendo “mejor que no”. Me los imagino a ellos mareándola, cogiéndola de la cintura, tirándose a su cuello, un besito aquí, un apretón allá. Me los imagino babeando, “dándose codazos, quillo, nos la vamos a follar los dos”. Los veo diciéndole “tía, no seas así ahora”. Me los imagino diciendo “Antes era que sí y ahora que no”.  Recreo obsesivamente en mi cabeza la escena en la que ella les dice “Quillo, que no, que me da vergüenza, que están tus amigos ahí” y cómo ellos intentan camelarla bajo presión “¡Cómo que no!, pero que esta gente no dice ná”. Me la imagino a ella, quizás bebida, quizás con miedo, quizás no creyéndose lo que le estaba pasando, rumiando “por favor ya está”. Me la imagino susurrando bajito a sus agresores “Por favor, no quiero más”. No se me ocurre otro modo de que la policía, que no es que sea la adalid del feminismo, se alarmara al encontrarla tirada en la calle, llorando. Me puedo imaginar ese momento exacto en el que tomas consciencia de lo que te ha pasado. Cuando se te baja el pelotazo y te ves dolorida, y la realidad te tumba, y ellos ya se han ido y te han dejado ahí tirada después de correrse. Ese preciso instante en el que dices: “Acaba de pasar. Ha pasado”. Ese puto momento de mierda que se te quedará siempre grabado, siempre, en el que en tu cabeza retumba, entre culpa e impotencia la frase “yo no quería”.

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Una columna de mierda de Pérez-Reverte comentada por una feminazi

5 Nov

El machirulo namber güan de la peñita progre, intelestuá, y medio seriota, ya era machirulo hasta en el 2007. Hace un par de días leía esta columna apologética de las más diversas violencias basadas en el género, y me enfadaba, me enfadaba mucho. Y es que a mi me afecta a veces la fugacidad de internet. Así que he decidido rescatar este magnífico documento, criticarlo, analizarlo, comentarlo, rebatirlo, cagarme en él, como ya hizo esta bloguera en su momento en una carta al director que El País no publicó, porque se enfadaba y criticaba a estos dos petardos, poniéndoles las cosas claras a él y a su compinche.

"Hombres como los de antes". Ahí están los tíos, como dos viejales machorros, sentados en su banquito, viéndolas pasar para soltar un ladrido o un ronquido a alguna maroma, si total, nuestros cuerpos les pertenecen, aunque sea para observarlos y juzgarlos, si lo dice el patriarcado.

“Hombres como los de antes”. Ahí están los tíos, como dos viejales machorros, sentados en su banquito, viéndolas pasar para soltar un ladrido o un ronquido a alguna maroma, si total, nuestros cuerpos les pertenecen, aunque sea para observarlos y juzgarlos, si lo dice el patriarcado.

La verdad, me fascina la capacidad que puede tener este señor para hablar y no decir nada, si acaso, gilipolleces y que aún así se le oiga y se le lea, confiriéndole un extraño halo de autoridad aunque carezca de sentido lo que dice. También me apasiona el hecho de que un tío que va de “racional”, de “yo no soy machista”, de abanderado del “sentido común”, la elegancia, la educación pero que carga contra las feministas llamándolas radicales y talibanas -si llama así a las institucionales, cuando buscan lenguaje inclusivo o abren centros de la mujer con subvenciones públicas, quillas, no sé qué nos llamará a nosotras, supongo que abortos de satanás o esposas de Lucifer- escriba patochadas sexistas como la que sigue. Me voy a meté contigo un rato. Porque me da la gana, porque te lo mereces. Que me tienes mu’ harta, Pérez-Reverte.

Bien, lo que sigue es, como siempre, puro desahogo. Lo escrito en morado feminazi y en cursiva, son mis comentarios, y en negro, el artículo original. Me voy a poné púa, porque estoy que trino. Una, que nunca ha sido de El Semanal, porque ese no llega a Kamchatka, y que no estaba tan conectada a las redes allá por los dosmilsietes, y va a aprovechar la coyuntura para hacer ciberfeminismo a costa del machistorro este. Porque me apetece, coño, no tengo que legitimarme, que él tampoco lo hace, y que si me lo trago, me da sarpullido.

Ahí va:

“Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. ¿Que no? Mírate el test de Bechdel. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Esas a ti te dan miedo, no disimules. Mujeres de bandera. Estás chocheando. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace –y luego, hablando de justicia social y temas que afectan a la ciudadanía de a pie, pero eso sí, en el Palace, ¡como dos señores!,- donde en el vestíbulo vemos a una torda -muy igualitario eso de comparar a mujeres con yeguas- espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. –Javier Marías tiene tropecientos años, cualquier cosa que se salga de “La Dama del armiño” o caras de antigua le va a parecer burdo– «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material -otra vez, muy afortunado objetizar a las mujeres que ocupan la vía pública y arrebatarles cualquier atisbo de humanidad, considerándolas “cosas”– para observación y glosa -se nota que es literato el muchacho. Menudo eufemismo para referirse a ocupar el espacio público como si les perteneciera e ir juzgando y valorando gratuita y machirulamente el físico de las mujeres que comparten con ellos lugares comunes-. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo -Cucha, majareta, esas no te tocan a ti ni con un palo-; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. -Vaya dos puretones- Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo -no de nuestro género, imbéciles- -Habla con propiedad, hijo de mi vida. Igual podrías leer un poquito sobre la construcción cultural de la identidad sexual, que tas’ quedao en los 70, chatín- que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas –¡Genial!: gordafobia, insulto basado en la carencia de un físico normativo. No te confíes, Reverte, la rebelión de las gordas está en marcha, y tú no tendrás michelines, pero tienes tó la cara de los pies de otro. Y Javier Marías es otro feorro, hegemónicamente hablando, claro, de cojones– desechos de tienta -qué taurino eres, qué presioso. En realidad es lo típico de los machirulos insultar a las mujeres que se indignan ante su atrevimiento para despojarlas de autoridad- que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada -o sea, lo normal, la gente tiene barrigas, michelines, tripas y suda cuando hace calor. Tú qué ere, ¿de goma?-; creyendo, las infelices -¿infelices porque son gordas? ¿Pobres? ¿Catetas? elitista de mierda-, que nuestro «por allí resopla» -lo que habría dado por veros haciendo el pelele por las calles de Madrí, lanzando frases de púber que se cree machote, pa’ daros una colleja en toa la nuca- va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda -me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca-, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido -¿Me explicas, oh, erudito, oh, gran académico de la RAE, qué es un “varón normalmente constituido”?. Normal, o sea, hegemónico, o sea, que no es la excepción, es decir, que no es anormal, o sea, natural, o sea, heterosexual?. Ahora los maricones no son normales. Pa’ matarte a porrazos con “El género en disputa”- de dar la vida -esta es una milenaria acción macha: “jugarse la vida” o “dar la vida”. Valerie Solanas lo explica muy bien en su “Manifiesto SCUM” cuando habla de la guerra y el culto a la muerte como muestra de virilidad. Y dice: ” (…) como su propia vida carece de valor, el macho prefiere extinguirse en una llamarada de gloria antes que arrastrarse lúgubremente cincuenta años más…”. Igual eso mismo lo podríais probar vosotros y nos dejáis tranquilas a las feminazis, radicalizando, discriminando positivamente y aprovechándonos de las subvenciones en paz-  por ser el señor Grant.

Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 -qué rollito bélico-yankee más chungo tienes, quillo– y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres -mírate a Freud-, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica -con sonrisa nostálgica y pene morcillón, eso seguro-. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas -pero sólo si no están gordas, porque de estar gordas serían unas ordinarias infelices con lorzas rodeando el cuerpo-. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi -eso es violencia, educación diferencial y socialización de género. Las niñas no sólo aprendían/aprenden a caminar como se espera de ellas, sino que aprenden a comportarse, sentir, pensar y actuar como se espera de ellas. Están aprendiendo a ser sumisas, están asimilando modelos asimétricos de conducta, están siendo enseñadas en la opresión– y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba -eso es, muy bien, tú lo has dicho: OBLIGABA- a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras -qué cavernícola eres de siempre- de gloriosa casta -Es la segunda vez que escribes “gloriosa”, Revertesuperescritorazoacadémicoengreído, busca sinónimos en el Word Reference, manque sea-. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine -reproducción de estereotipos que le llaman- y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras. -Mu’ bonito el recurso literario, sí, pero me tienes que explicar mejor lo del culto “la señoritud”. ¿Qué diferencia a una señora del resto de mujeres? Supongo que se comportan como el patriarcado espera de ellas, es decir, que son fieles a las normas de sujección del sexo-género que les ha sido asignado. Pero también tienen que responder a los cánones clásicos de feminidad: curvas, delgadez, delicadeza y belleza, a más de “elegantes”, aunque sólo tengan pasta para comprarse ropa en las “Modas Meyni” de su barrio, allá se las compongan si quieren ser señoras y no focas, desechos de tientas, infelices o tordas ordinarias-.

Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa -es que de verdad, eres un pedante, no te soporto- un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip -Oooootra vé. Metáforas bélicas o cinegéticas. Mujeres como objetivos, como presas, una vez más, arrebatada toda su dignidad como individuas que son sólo entendidas a través de la mirada, o del “radar” del machirulo de turno que las observa y las valora o desprecia- yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente ¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo. Aquí me paro y no tengo más remedio que cagarme en toda tu gloriosa casta de padres machirulos y madres de cine. Mira, cretino, la manía de comparar a las mujeres con ganado te la vas mirando pero que ya, no sé qué oscuras historias zoofílicas guardarás de cuando fuiste a la mili. Pero lo de jugar con la idea de sacrificar a una mujer que anda como a ti no te parece elegante, esto ya es lo último. Que se nos pase por la cabeza si quiera sugerir literariamente matar a una mujer porque a dos tíos no les parece o suficientemente elegante o bella, es lo mismo que matarla porque te parece demasiado atractiva. Y te recuerdo que en este país mueren más de 60 mujeres al año a manos de hombres por violencia machista y que cada día se cometen alrededor de 180 feminicidios en el mundo. Así que no me toques el coño, Reverte, que me tienes mu cansá, de verdá te lo digo.  Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, –soy taaan repipi que digo locuciones latinas hasta cuando cuchicheo con mi camarada varón sobre las churris que pasan por la calle- le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval -de chaval, nada, que sois dos carcamales-: belleza, cuerpo perfecto -¿perfecto según qué cánon? manda coone-, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. -Quién te ha dicho a ti, so pedaso de soplagaita, que la “señora” ha querido poonerse elegante? ¿Quién?. #ChoniPower.- Y es que han perdido la costumbre, colega -¡Horror! ¡La moda ha cambiado! ¡La sociedad evoluciona! ¡Las mujeres han perdido la costumbre de vestirse como a los hombres les gusta! ¡Ya no están a nuestro servicio! ¡Leen, fuman, beben, montan a caballo a horcajadas, y seguro que se tiran pedos! ¡Que alguien llame al shériff de género!.- Vestirse como una señora, con tacón alto -tú lo que eres es un fetichista, gorrión- y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así -Tienes que tener el carnet de piti, hay que ir a la escuela de pijos de Carmen Lomana y, por supuesto ser de clase media-alta como mínimo, nada de barrios periféricos ¿”Saes”?- de sentarse despatarrada -aquí los únicos que se sientan despatarrados son los biochorbos, vuelve a tu postura remilgada, ¡subalterna!-, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace -O sea, por favor, o sea, te lo juro, Versace-. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted -le dice- la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?… ¿Pa cagarla?». -Po’ nolontiendo. Qué malo tiene escribir en ideolecto, hablar de modo castizo, auténtico, con acento, comiendo, aspirando y silbando las letras que nos de la gana, que pa’ eso las letras son nuestras y lengua está viva. Y lo que entiendo menos, menos aún que el final del chiste en el que la “señora” no le mete al “caballero” un palo por el culo y le hace palanca por invasivo, pesado y machirulo, es la puta gracia que puede tener el chascarrillo, pero mira, no se puede tener todo, será que yo soy del sur, y tan selecta con el humor como lo es Pérez-Reverte con los zapatos femeninos con tacón de lápiz. Finolis, sabio sabelotodo, autoridad moral, supermacho y encima, gracioso. No se puede todo.

Y Te digo otra cosa, Arturo, que hoy estoy generosa: mujeres no  habrá como las de antes. Pero los machirulos sois los mismos de siempre.

Y desde aquí, un saludo muy especial a Javier Marías. Que eres también muy macho, enhorabuena.

El pedazo de caca original, aquí.

¿Seré yo la próxima?

4 Jun

Llevo varios días reflexionando, con un peso muy gordo a mis espaldas, que son las cinco mujeres muertas en menos de dos semanas por violencia machista, a las que llevo día a día en el pensamiento, sumadas a las que vienen detrás.

Decenas, cientos, miles de mujeres muertas, violadas, agredidas.
El artículo de June en Píkara me ha removido tanto como la noticia.

Un asesino machista en serie se ha llevado por delante a dos mujeres más y una de ellas, -a mi sí me parece importante: negra, puta, migrante- está en coma.
No me quito de la cabeza la imagen principal del artículo.
Lo pienso muchas veces, tal cual, y nunca lo había verbalizado. Menos mal que este blog es también terapia para la bruja que escribe, porque lo pienso, lo pienso, y lo pienso.

Como un Viernes de noche volviendo sola a casa.
Como cuando miro hacia atrás por si alguien me sigue en el ascensor.
Como cuando paso delante de un grupo de tíos que van a agredirme verbalmente, sé que va a pasar, y pasa.
Como cuando un tío se me acerca demasiado en un bar o me toca sin mi consentimiento.
Como cuando me monto en un taxi y por unos segundos, no reconozco la dirección que está tomando.
Como cuando entro en un metro y estoy sola, con un tío que no conozco en la otra esquina de la estación.

Como cuando pienso en que matan a las que son como yo.
Me creo empoderada, pero tengo miedo y rabia.
Muchas, lo pienso muchas veces, y me da vergüenza reconocerlo.

¿Seré yo la próxima?

La única respuesta es la autodefensa.
Y feminismo para no morir.Imagen

Imagen: tomada de las compañeras Feministas Ácidas.

El duelo patriarcal

24 Feb

Una noche en un bar cualquiera,

un tipo intenta colarse en una cola de baño, entendemos que de manera involuntaria, pero muy observador se ve que no es. La chica que se situaba delante de mi, le dice: “No, perdona, esto que ves aquí, es la cola”.

El tipo contesta: “Ya, sois todo tías, yo voy al baño de los tíos”. Sí, perras. Existe ese especímen que odio de machoestúpidos que ni siquiera comparten contigo el baño aunque esté tan concurrido que mujeres y hombres entren a los baños que queden libres aleatoriamente -oh, no, vaya un desacato a las leyes de género, llamen a las autoridades patriarcales-. Es como que el macho se ancla en la norma del género a través de la fuerza y la imposición y las mujeres, que también hay las que no quieren entrar a los baños “masculinos”, se anclaran por pudor. Un tío se resiste a que entres a SU baño. Le toca a ÉL. La chica prefiere entrar al que le ha sido asignado, “el baño de los chicos está demasiado sucio”.

Pero no perdamos el hilo, que os va a encantar. Le contesto yo: “este baño es unisex, así que a la cola”. Nos dice que se la suda, que no se va. Le apremio: “corre, que se te cuelan”.

El tipo, border en principio, deviene machirulo, y nos suelta: “Yo mearé donde me salga a mi de mis santos cojones”.

Le suelto: “Y antes que yo no meas porque no me sale a mí de mi santísimo coño, a la cola”.

Atención al momentazo: “¿A que te meo ahí?” -señalando el suelo del baño-. Me río en su cara, es inevitable, se lo ha buscado, y le digo: “¿ME?. ¿Soy tu chacha y voy a tener que limpiarte la meada? Tú mismo, pero antes de mi, y de estas chicas, no pasas, te pones a la cola o meas donde te parezca”.

Con su gran capacidad para el debate, la comprensión y la reculación, el macho alfa amenaza con marcar su territorio: “¿A que te meo en lo alto?”.

Contesto, con un nivel de empoderamiento considerable, dadas las características del machirulo de libro que tenía ante mis ojos: “¿Qué, es tu fantasía sexual? Prueba. Tú méame en lo alto a ver qué es lo que te pasa”.

Se achanta. Va como a marcharse, pero vuelve, y, por favor, mucha atención al proceder machirulo dieciochesco: “Dime dónde está tu colega y nos vemos fuera”. Sí. No llegó a abofetear mi cara con un guante como los lores británicos de los que habla Jane Austen, pero fue un desafío a duelo en toda regla.

Yo pasé de feminista contestona que se está meando a ser la Hydra de Lerna mata-machirulos en cuestión de segundos. Estoy segura de que se me multiplicaron las cabezas y comencé a echar fuego por las fauces.

-“Qué pasa, que me quieres pegar una hostia a mi, pero como soy mujer, no te atreves? ¿Lo que quieres es que mi macho, que ni siquiera está presente, responda por mi y tú puedas así resolver este conflicto de honor?”. Tanta complejidad argumentativa le abrumó, y solo acertó a volver a amenazarme: -“Si fueras un tío te reventaba la cabeza”. Le insté a que lo hiciera, de verdad, al grito de ¡Machote! ¡Valiente!, pero no hubo manera. Se fue con el rabo entre las piernas, y me refiero a su falo, no sin altes escupir un poco, mirar con odio patético y soltar algún que otro insulto, lo típico.

Quizás haya sido mejor así, porque las chicas de la cola, cuando el tipo se fue, hicieron piña y me dijeron: “te llega a tocar y lo matamos entre todas”. No sé cómo tomarme eso. Mientras sucedía el altercado, no abrieron la boca. Pero también agradezco que no interviniesen con esa bienintencionada pero poco crítica actitud paternalista que ya he sufrido alguna que otra vez del tipo “no te pongas a su nivel” o “no te metas en esos líos” o “no le busques la boca”.  Está claro, para mi, cada vez más: defenderse es una opción sexuada. Y al machirulo le chocó que yo lo hiciera. Que me mostrara la fuerte en mi territorio. Mi pis es tan importante como tu pis, así de simple y de grotesco. Su poder se vio cuestionado, su derecho, anulado. Aunque esto es una mera suposición, pues el tipo podía haber sido un machote cualquiera al que le gusta pelearse con todos los gallitos que se le cruzan, creo que el machirulo en principio se sintió amenazado por esa actitud de fuerza de las que estábamos en la cola, que, eso sí, no se movieron de su sitio, miraban fijas hacia él, no temieron, al menos que se viera, en ningún momento. No le permitimos ejercer su voluntad, sobretodo yo.

Era más bien una cuestión de honor, como luego se traduce de su interés por solventar el problema fuera del garito y con un hombre que me acompañase. Yo no soy igual a él, eso lo dejó claro, no me considera ni siquiera equivalente, sino inferior y por eso, no canaliza la violencia hacia mi más que a través de mi acompañante varón. “No se les pega a las nenas” es un código bien aprendido por el manual del buen machirulo, es una frase de crianza que mamá y papá no dejan de repetir. A veces se acompaña de “a las nenas, besitos”. Wow. Toda una declaración de intenciones.

La violencia del varón hacia la mujer está terriblemente condenada por una de las vertientes del pensamiento machista, la de la protección, la del paternalismo, que sólo comparte con la vertiente de la violencia física contra las mujeres el prisma de nuestra supuesta inferioridad. Así pues, un hombre afrentado, por muy machirulo que sea, no suele agredirte a ti, que eres mujer, sino que busca a tu referente varón, a tu tutor, al que guarde tu honor, excepto que se trate de un maltratador sexista, claro, pero ésta no es necesariamente la categoría a la que nos estamos refiriendo aquí.

Hablando de mi machirulo, su honor manchado requería una limpieza pública, pero eso son asuntos que se arreglan entre hombres, y este es el principal mecanismo que nos ha alejado, históricamente, de la violencia, y por ende, de la autodefensa o incluso el ataque a nosotras las mujeres. Yo no tengo potestad para defenderme por mi misma, supone el machirulo. Por eso se ve tan nervioso, insultante e incómodo con mi reacción de emplear su mismo lenguaje descarado y violento. Quien debe defenderme a mi, es mi hombre, pero yo soy una mujer sola -es decir, sin varón que me avale, pues a mi se me ha negado también como mujer mi derecho a la autorrepresentación, y mi figura no vale tanto como la de un igual-, mi hombre no está y yo rehuso buscarle, por lo que el machirulo se ve absolutamente descolocado y frustrado ante la imposibilidadde inflingirme castigo.

La violencia es su privilegio, es su poder. Yo me rebelé, me defendí, contesté, cuestioné su supremacía sobre mi. Lo que para algunxs fue “ponerme a su altura” para mi fue un ejercicio de resistencia política y antipatriarcal. Quienes se escudan en el “no tenías que haberle contestado, le enciendes más”, no son más que defensorxs del discurso de la no violencia, un discurso domesticador que esconde un juego de poder en el que elx dominante siempre lo seguirá siendo mediante su uso de la violencia y la pasividad delx dominadx ante la misma, lo que a su vez nos lleva a la anulación de la capacidad de respuesta. Así mismo, subyace una lectura de género clara en la que una mujer sublevada ante lo establecido, un sujeto mujer no pasivo y erigida con armas violentas ante una agresión cualquiera es lo incorrecto, lo condenable y lo impropio. Es fácil recurso desde las mujeres -y hacia las mujeres mucho más- la defensa de la no violencia porque desde hace cientos de años y con vagas excepciones puntuales que habría que analizar, nuestra intrahistoria ha sido el relato de la sumisión, el silencio y la victimización. Pero es injusto. E inmoral desde el punto de vista feminista, pues perpetuaríamos roles de género que pretendemos criticar por otro lado. Al patriarcado le beneficia el “es mejor no hacer caso” o el poner la otra mejilla. En definitivas cuentas, el argumento de la no violencia sólo beneficia al opresor y deja sin opción alx oprimidx. Y yo no quiero ser una oprimida.

Es impactante, en el plano de la praxis, el uso que hacen algunos machos de la violencia como muestra de su hegemonía, como si de un animal cualquiera que debe imponerse a otro/a para su supervivencia, se tratase, y en verdad es así. El macho vertebra toda su identidad, toda su existencia, mediante sus atributos masculinos tradicionales. Si no muestra sus atributos, nada puede legitimar su pertenencia a la masculinidad. Si no se impone, si no saca las garras, si no lucha mediante la violencia que la masculinidad ha privatizado, muere el macho. El macho no aprecia tanto su vida o su integridad física como la salvaguarda de su orgullo y su honor, y en el empleo de la fuerza bruta está implícita la defensa y la exhibición pública de esos valores como la bravura, el carácter, la fuerza. Son los últimos coletazos del estereotipo del guerrero, el mito del macho dominante que pelea por no morir y que se reproduce en constantes procederes tanto políticos como cotidianos.

Pero con una feminista has topado, querido. La próxima vez, igual te lo piensas dos veces. Porque si me llega a tocar un pelo, respondo. Igual me hace más daño él a mi que yo a él en este caso, ya que era bastante corpulento, pero mi satisfacción y mi empoderamiento al pensar que un machirulo lleva un moratón en la cara que le ha hecho esta “guarra” que escribe -así me llamó, no os sorprendáis por mi sordidez-, eso… eso, hermanas, no tiene precio.

La Gorgona Feminista

17 Feb

Hay gente, lo sé, que puede opinar -de hecho lo hace, aunque no me lo diga- que esta perra feminista que escribe, odia a los hombres.

Este, junto con que somos lesbianas -por mi bien, vamos- estamos amargadas, solteras -también bien- o tenemos pelo en el sobaco -bien- es uno de los grandes tópicos del antifeminismo.

Misandria. Odiar a los hombres, como si eso fuera tan fácil. O que no les odio, pero que tengo un problema con las masculinidades. O que tengo resquemores hacia los varones por el hecho de serlo, y siempre estoy con la escopeta cargada -a Valerie Solanas le encantaría-. O que albergo en mi interior un problema con las figuras masculinas. O que me lo tomo todo demasiado en serio, sobretodo cuando viene de un hombre. Igual no siempre me lo tomo tan en serio, le doy la importancia que tiene, no me suelo espantar con nada o más bien con poco, pero no quiero estar callada, no más. Me lo debo, nos lo debo a todas, aunque sea entre risas, no me resisto a soltar la pulla, el chascarrillo antipatriarcal. Suena hasta bonito.

Quiero que se verbalice, quiero que se tenga en cuenta al sujeto al que represento a veces involuntariamente, en mi cotidianidad. Para mi, estar delante de una conversación entre compas y que se frenen a la hora de decir “hijx de puta” me parece un logro, y si para eso, aunque en tono de mofa, tengo que ser la pesada feminista, lo seré, no me importa, formas peores de martirio se han dado por ahí. Si no lo hacemos nosotras mismas ¿quién si no?. Es muy común que entre grupos afines se hagan bromas a las mujeres con una militancia feminista destacada. Eso también tiene su lectura, pero no vamos a entrar ahí. Cuando contestas y dejas al otro callado, resulta violento, aunque tú estés empleando todo tu sarcasmo y adores a tu compañero pero quieras ponerle colorado desde su humorístico rol sexista, todo parece apuntar a que te lo has tomado demasiado en serio. Qué os voy a decir, soy contestona desde chica, eso no creo que cambie ahora que soy grande.

También la gente tiende a pensar, -y cuando hablo en primera persona debería en realidad englobar a todas las mujeres que se enuncien feministas- que tengo una exagerada susceptibilidad hacia todo lo que venga de un hombre. Yo creo que lo que tengo es sensibilidad, cuerpo vibrátil lo llama mi amiga Caragüevo. Tengo lectura y metodología, en definitivas cuentas, eso que tenemos algunas perras, un radar que detecta los machismos, que son muchos y polimorfos, y no está mal, hay que conocer al enemigo, y me refiero al patriarcado, no a los sujetos con pene. También me gustan los penes, oh, sorpresa.

Causa una extraña sensación el percibir que hay gente que te teme, sobretodo, hombres. Que te miran como a una gran gorgona con cabellos de sierpes y lengua viperina que te convierte en piedra si te muestras falocrático. Qué disparate, por favor. Yo no odio a los hombres. Yo respeto a los hombres. A algunos los adoro. Hay otros que me encantan. A muchos hombres los quiero. Pero Itzíar Ziga lo explica mejor que yo:

Devenir Perra

No hay que confundir hombre o bio-hombre, con Macho, Machote, Machirulo, Machinazi, todos estos peyorativos. Para mi, el sujeto hombre es una construcción cultural y sexual binomial equiparable al constructo mujer, eso sí, el hombre hegemónico -y el no hegemónico, muchas veces también, comprendido en un contexto de subalternidad- goza del estatus de privilegio del que las mujeres no gozamos. Esto es así, pero no revierte en mi aprecio hacia los varones que me rodean o en el prejuicio hacia los que se acercan a mi, ni en el mío, ni en el de ninguna compañera militante que haya conocido ni frecuentado jamás. El especímen de “hembrista”, por mucho que se llenen la boca los de Equilibrium, los de C. Compartida y el Juez Serrano, no existe, son los padres. Los padres patriarcales. El hombre no es mi blanco, ni mi enemigo, es aliado y compañero. Mi enemigo es el macho.

No sabes lo puta, zorra y gorda que puedo llegar a ser

15 Feb

BigFatFeminist

Miércoles 13 de Febrero. Más de las 00.00 de la madrugada.

Tres perras feministas, yo entre ellas, en la calle. Tres BIOmujeres socialmente consideradas SOLAS por no ir acompañadas de varón alguno que nos tutorizase, presenciamos y “sufrimos” aproximadamente cuatro microagresiones sexistas.

Primero nos llamaron la atención desde lejos- Estábamos decorando un poco el espacio urbano, cargándolo con mensajes políticos por  el #14F, San Machirulo, contra el Amor Romántico. Y escuchamos:  “las del 15M, vamos a llamar a la policía”. “Os estamos grabando”. “¿Qué hacéis?”. “¿Qué estáis escribiendo?”, “La de la izquierda, que se quite, que no sale en la foto”.  Así, a gritos, intentaron mantener una conversación de ligoteo machirulo buenista que, ante nuestra resistencia, acabó con un “que os den por culo”.

En segundo lugar, vinieron cuatro mini-machirulos borrachos a vacilarnos. Está claro que éramos blanco fácil para ellos, las tres sentadas en el escalón, fumando un cigarro, para la mentalidad heteropatriarcal, indefensas y pasivas. Ante, de nuevo, nuestra resistencia de seguirles el juego o hablar con ellos, la respuesta fue: “¡Gorda!”.

Al poco rato, otras tres chicas aparentemente SOLAS por no tener varón alguno que las tutorizase, le hacían la peseta y gruñían a dos cateto-machirulos añejos bastante bebidos que las habían estado persiguiendo.

Después de aquello, un tipo acompañando a otras personas extranjeras -no sé si era alguno de los de antes- pasó por nuestro lado para señalarnos diciéndoles “ugly, ugly, ugly”.

Por último, un tipo se sentó bastante cerca de nosotras. Al levantarse se puso a reir y hablarle con retintín a su amigote, mientras no nos quitaba ojo. Luego, de lejos, uno de sus amigos -eran tres- nos dijo: “Quilla, tú qué ere la Marta, ¿no?”. Estaban una mijta colocados, y, no sé si por rondarnos o por comprobar si alguna de nosotras era Marta o no, fueron bastante invasivos, y cuando digo invasivos, digo que sus miradas se centraban en nuestra conversación todo el tiempo y la distancia de seguridad y de respeto que se debe tener en la calle, de noche, con gente desconocida hablando en tono bajito cosas íntimas, no la estaban guardando.

Más tarde, volvieron, y es que se marchaban y volvían para ver si seguíamos ahí, a su plena disposición, y hablando sobre nosotras entre ellos, nos pidieron un cigarro.

¿Hubiera pasado lo mismo si en vez de tres mujeres, llegamos a ser tres hombres?

Los machirulos no atentan sin razón contra su grupo de iguales, es así el pacto de los hermanos patriarcales. Cuando detecta una hembra, el machote heterosexual la considera un blanco de su seducción o de su ridiculización. La mujer ocupa el espacio, pero, al parecer, no le pertenece. Así, el machirulo utiliza su posición de privilegio para llamar su atención, del modo que sea. Incluso aunque no quiera cortejar a la mujer a la que agrede verbalmente, tiene la certeza de que puede acercarse a ella o a un grupo de las mismas y soltar cualquier majadería de borracho. Sencillamente, el sexista cotidiano nos cree más débiles, susceptibles, inferiores, en definitiva, sumisas. Somos las OTRAS. Al hombre, lo ve un igual, fuerte, aguerrido, contestatario y violento, en definitiva, dominante. Lo que Simone de Beauvoir llamaba Lo Uno, es decir, el neutro, el que se sobreentiende. Esto se resume, como decíamos ayer en nuestro rinconcito de debate feminista, en que los machirulos se acercan a decirte cualquier machirulada, un piropo, una salida de tono, lo más salido o absurdo que se les ocurra… porque no nos temen. A las mujeres se nos ha extirpado no sólo la autonomía, la libertad, la capacidad decisiva, sino también la capacidad de respuesta, la reacción, la violencia.

Un tío que llega a cachondearse de otro grupo de tíos o a soltar imbecilidades con sus colegas, sabe muy bien, por muy borracho que esté, que puede sufrir una agresión. Con nosotras no pasa eso, no importa que seamos más que ellos, no nos ven como un peligro en potencia, sino como sujeto dominable. No nos respetan por nuestra categoría mujeres, no nos respetan como individuas en igualdad de condiciones. No respetan a la que es para ellos la base de la construcción de su identidad macha, dicotómica y contrapuesta, a la otra, a la diferente, a la mutante. Respetan al igual, al semejante, al que puede ejercer de macho alfa si la rivalidad da paso a la violencia.

Si no accedes a sus deseos, eres gorda, eres puta, eres zorra: insultos sexuados.

Pues mira, esbirro del patriarcado: No sabes lo puta, zorra y gorda que puedo llegar a ser.

Tu acosador del día (1)

7 Dic

Inauguramos nueva sección en el Blog. 

Queridos y queridas todas, feminazis, gordxs, mosntruosas, irreverentes, negras, marranas, pornoputas, y otros seres del inframundo feminista…

Bienvenidxs a…

“Tu acosador del día”

-Sintonía de programa cutre ochentero-

Hoy, en tu acosador del día…

“El hombre del tiempo”

 

Málaga, 22.30 de la noche.

Paso por el callejón de Calle Nosquera que desemboca en la Plaza de Los Mártires, y hay dos chicos apostados en un bar: Uno resopla, y otro me dice:

“Nove, lo fresquita que vá”.

Está claro que el pobre hombre sólo ha resoplado porque ha sufrido por mi, y el frío que hace. Está claro que el otro me ha referido lo del fresco porque quería protegerme de unas anginas. Es un paisano que se preocupa por su paisana, sin duda.

La culpa la tengo yo, por ir con vestido corto. El chico sólo quería ser simpático, no quería hacer una valoración gratuita e impertinente sobre mi atuendo.

Sí se puede hacer un comentario divertido, eso siempre sienta bien y sube el ego. No me ha dicho nada soez, no ha aludido a mi sexualidad o a mi cuerpo, ni me ha insultado, eso es de agradecer, en realidad, ha sido hasta agradable.

No es sexista lo que ha pasado, lo que me ha dicho no es malo, es simplemente su opinión, y estamos en un país libre -bueno, casi casi- y él puede decir lo que quiera.

No ha sucedido nada que implique violencia. Si yo me he sentido invadida, observada y vejada, es mi problema, es mi subjetividad.

Si hubiera ido acompañada de otro varón que ejerciese tutelaje simbólico sobre mi, también me habría pasado lo mismo. Tengo en cuenta que sólo se han preocupado por el frío que yo misma podría estar pasando con las piernas al aire. Además, no hay motivo alguno por el que ese hombre pudiese haber coartado su libertad de expresión si yo iba con otro hombre, porque al fin y al cabo, no me ha dicho nada malo. Que vaya sola, que de la sensación de desprotegida, vulnerable y conquistable no son factores que importen en este tema.

A mi, por lo menos, me insinúan lo guapa que soy por la calle, cómo llamo la atención, y eso, siempre gusta, siempre, no hay nadie que piense de manera diferente ante un halago o un cumplido.

Por lo menos, no se ha acercado a mi. No me ha perseguido ni me ha violado. Eso sí es una agresión real, y no esto. No debería estar deteniéndome en este tipo de anécdotas que algunas llaman agresiones. Las agresiones de verdad cuestan vidas de mujeres. Y esa violencia física sexista no tiene nada que ver con cosas como “los piropos” de la calle.

Esto no quiere decir que algunos varones se hayan apropiado del espacio público y se sientan con poder de hablarte, llamar tu atención o realizar comentarios con sus grupo de iguales sobre algo que tenga que ver contigo, sólo es una frase sin importancia.

No se ha reproducido aquí ningún tipo de estructura de dominación ni comportamiento sexista. Somos las feministas, que lo magnificamos todo.

Son los volcanes helados de Kamchatka, que me hacen tener visiones.

Será eso.

 StopPiropos

En tu patriarcal estereotipo de belleza me hago pis

26 Nov

Corporalidades movedizas,irreverentes, disidentes.

Nos apropiamos de la anormatividad para

la insurgencia corporal, retomamos el insulto como eje de la vindicación.

Gordas, focas, vacas, albóndigas, rellenitas, apretadas, grandes, barrigonas, ballenatos.

Venimos desde nuestra monstruosidad a cargarnos vuestro estereotipo de belleza.

Ha llegado

la subversión de

las Gordas.

25N: “Si me pegas, te mato”. La importancia de la ‘Autodefensa Feminista’

25 Nov

Porque estamos hartas de los 25N tristes,

los 25N de pena, de lástima,

de lágrimas, de cicatrices, de instituciones,

de indefensas, de crespones, de víctimas.

Porque preferimos honrar la memoria de las 48 que nos faltan, que nos han matado,

pero empoderadas,

cabreadas,

fuertes,

soberbias,

agresivas,

estridentes,

gritonas,

rebeldes,

insumisas,

enfurecidas.

Porque la Violencia de Género no se combate con leyes patriarcales

ni sólo se lucha contra ella con medidas de igualdad o programas de prevención y concienciación.

Criando a nuestras niñas libres, insurrectas,

incorrectas, autónomas y sin miedo,

así se lucha contra este modo de Violencia Sexista.

Estas enfurecidas no sólo buscamos desactivar la generación de agresores machistas,

buscamos activar la generación de mujeres poderosas,

las que no se humillan,

las que no se someten,

las que te dicen: “si me pegas te mato”.

CONTRA EL TERRORISMO MACHISTA

AUTODEFENSA FEMINISTA

#SomosManada

#25N

#NosFaltan44

En la calle, en la casa, en la cama, en la ley, en el trabajo, #25N

Aquí, las compañeras de Feminismos Sol, exponiendo su prospecto-manifiesto “Autodefensa Feminista 600 mg.”

Cuando vale más la vida de un conjunto de células que la de una mujer

15 Oct

El concepto de “vida humana”, es quizás el argumento principal que esgrimen los grupos anti-elección, anti-abortistas y mal llamados “Pro-vida” cuando se posicionan inamoviblemente a favor del derecho del no nacido “a su vida”.

El estado de la cuestión sobre dónde comienza la vida humana o cuándo se puede “humanizar” al feto no es nuevo, y en él podemos vislumbrar cómo se trata de una cuestión no puramente científica, sino discursiva, relativa, cultural y ética, ya que en diferentes contextos cronológicos y espaciales estas consideraciones han sido completamente diferentes. Desde individuxs en pleno siglo XXI que consideran un embrión de 48 horas como un ser viviente humano con derecho intrínseco a no ser “matado en el seno de su madre” hasta culturas añejas en las que incluso se les otorgaba un nombre personal cuando llegaban a los cuatro o cinco años, e incluso momentos históricos en los que se aseguraba que el niño/a no llegaba a ser persona con espíritu hasta que no sobrevivía un mínimo de días/semanas tras el parto. Por supuesto, el número de días solía ampliarse si el bebé nacido era una niña. No lo digo yo, lo decía Santo Tomás de Aquino.

El discurso médico/social se torna, además, en muchas ocasiones, de lo más hipócrita. Unx médico que haga objección de conciencia en el ámbito de las Interrupciones Voluntarias del Embarazo, puede seguir considerando a ese “bebé” en potencia como un “resto humano” y no como un “cadáver”, cuando lo más lógico sería lo segundo. De hecho, la ley estipula la no obligatoriedad del entierro/cremación/sepultura de un mortinato que ha nacido antes de las 20 semanas de gestación, e incluso es innecesario registrar su nacimiento o su defunción. No existe jurídicamente, ni ha existido. Este hecho jurídico-médico ha hecho que muchas familias que así lo han deseado, tengan que pelear arduo para conseguir apropiarse de esos “restos” tras un aborto involuntario y así poder enterrarlos, previa carta del hospital asegurando que se trata de los restos de un mortinato no llegado a término.

Además, y esto ya es una impresión personal que quería compartiros, una persona que se posiciona públicamente en contra del aborto -no ya para sí, sino también coartando y criminalizando la capacidad decisiva del resto de mujeres- luego suele tomarse de manera diferente el aborto espontáneo de una amiga o un familiar. Si verdaderamente el discurso anti-aborto coincidiera de todas todas con la cotidianidad de la práctica totalidad de la gente que lo promueve, un aborto dentro del primer trimestre de gestación se convertiría en un completo drama insuperable en el seno de cualquier familia, porque estaríamos hablando de un niñx muertx, ¿no es así?. La clave para no dejarnos llevar por las contradicciones que pueden suponernos estos argumentos alusivos a la vida del nasciturus y para entender que el tema del aborto poco tiene que ver con la biología o la ciencia y mucho con la moral y el campo de lo ideológico es pensar que, siempre, repito, hablando de un aborto dentro del primer trimestre de gestación o en las primeras semanas del segundo, el punto de inflexión se hallaría en la voluntariedad o involuntariedad de la interrupción del embarazo. Es decir, en el derecho a decidir de la individua. Si no lo interrumpe la gestante, si ha sido involuntario, ha sobrevenido de manera sorpresiva, es lo más natural del mundo e incluso puede haber personas con una escasa sensibilidad en cuanto al supuesto duelo que muchas mujeres, por su deseo de ser madres, pasan cuando se enfrentan a un aborto no voluntario. “Muchas hemos pasado por eso”, “no pasa nada, vendrán otros”, “no estaría de venir”, “tranquila, mi madre tuvo cuatro abortos”, “no te preocupes, el legrado no duele”, “eso no es nada”, “pues nada, a otra cosa, a seguir intentándolo”… Sin embargo, es impensable ideológicamente para sectores sociales conservadores y sus grupúsculos afines, que una mujer decida interrumpir su embarazo de manera voluntaria. Entonces, y aunque desde la noche de los tiempos, las mujeres han interrumpido sus embarazos, siendo una práctica completamente extendida y frecuente, la práctica se torna antinatura, porque nadie en su sano juicio “mataría” a su “hijx”. Porque ninguna mujer que se dirige hacia el cúlmen del rol para el cual nació, la maternidad, podría decidir, en un momento dado, que no le apetece, que no puede. Que no quiere. Y es en ese momento en el que la sanción social te señala.

Dicho esto, la pregunta es: ¿Podemos justificar una posición anti-abortista amparándonos en la dignidad de la “vida humana” aunque no estemos otorgándole esa dignidad al cuerpo y a la vida de la gestante, una vida plena y desarrollada de un ser con consciencia de sí y de madurez relativa, pero sí la de un feto, aunque éste tenga 2 semanas de “vida vegetativa”? Teniendo en cuenta que, estadísticamente, las IVE suelen ser practicadas mayoritariamente antes de la semana 12, os pido que os fijéis en la imagen que os comparto y observéis al embrión de 12 y 14 semanas, el límite actual dentro de la ley de plazos aprobada en 2010. Además, os pido encarecidamente, que leáis el artículo que os ofrezco a continuación, escrito en 1983 y compartido vía redes sociales por una amiga y compañera feminista.

Si tanto respetan la vida, si tanto la aman, no obliguen a nacer a alguien cuya vida no va a ser vivible. Si tanto enaltecen la vida, permitan que sus dueñas las vivan plenamente. Que quede claro. No sóis pro-vida. Sois anti-abortistas, anti-elección. Pa’ pro-vida, nosotras. Que no defendemos la humanidad de un grupo de células, defendemos la humanidad de todas las mujeres del mundo.

El Artículo, Publicado en El País, el 25 de mayo de 1983 por el teólogo E. Miret Magdalena, teólogo y presidente de la asociación de menores.

Os abrazo, lobas y lobos,

La bruja de Kamchatka

Otra guía montessori

normalita, del montón.

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